La crónica, ¿un género en desuso?

“para los editores no es buen negocio tener a un cronista, cuesta mucho dinero, y no genera titulares que es lo que da poder”. FOTO// RICARDO JARAMILLO

“para los editores no es buen negocio tener a un cronista, cuesta mucho dinero, y no genera titulares que es lo que da poder”. FOTO// RICARDO JARAMILLO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La falta de tiempo y espacio en los periódicos desplazó a la crónica. Algunas de las revistas del país han rescatado a este género.

Por Melissa García Neira

mgarcia16@unab.edu.co

 

“Antes de morir, Alejandro Henao pensaba que finalmente había derrotado a sus secuestradores. Esas cosas de los seres humanos, cuando los seres humanos tienen dignidad. Aquella mañana se hallaba tendido en el barro bajo un hule engarzado en cuatro estacas. Una de sus piernas se había puesto tan gruesa  como el tronco de sande que limitaba la visión al frente, y el color de la piel parecía más oscuro que al atardecer (…)”. Así comienza la crónica “Noche de naturalezas muertas” escrita por Germán Castro Caycedo y publicada por la Revista Diners en el año 2000. Para entonces, los periódicos habían empezado a desplazar a los cronistas y las revistas les abrían sus puertas.

En Colombia ocurrió con la crónica lo mismo que en el resto del mundo. Pasó a un segundo plano porque los periódicos preferían las “noticias calientes” e inmediatas.  Y la crónica no se escribe de un día para otro, “necesita tiempo para producirse, tiempo para escribirse, y mucho espacio para publicarse: ninguna crónica que lleva meses de trabajo puede publicarse en media página”, afirma Leila Guerriero en su texto “Sobre algunas mentiras del periodismo” en la Revista El malpensante, y esto la pone en desventaja.

A la gente le gusta que le cuenten las cosas de la manera en que lo hace la crónica y ésta desarrolla más a profundidad o de una manera especial lo que no logran otros géneros. Julio Villanueva Chang, director de la revista Etiqueta Negra, con relación a la particularidad de la crónica señala: “No hay dudas: la crónica puede ser el género más libertino y democrático de la prensa. Busca no sólo a personajes públicos —autoridades, celebridades, expertos—: un cronista también busca a gente común y corriente, a personas extraordinarias en su anonimato, esos extras de cine mudo a quienes nadie les ha pedido la palabra”. Por eso, algunas revistas en Colombia se han encargado de seguir divulgando lo que los periódicos han dejado a un lado.

Historia de la crónica en Colombia

El periodista Daniel Samper Pizano en Antología de grandes crónicas colombianas establece tres momentos para la crónica: El Bogotazo, el gobierno de Rojas Pinilla y la aparición en los años cincuentas de algunos cronistas que darán el salto hacia el periodismo narrativo.

Antes de El Bogotazo el país se familiarizó con las crónicas históricas de José Joaquín Jiménez, Antolín Díaz y Eduardo Castillo.  Después, hay un acercamiento a la crónica periodística con el trabajo de Gabriel García Márquez, Germán Vargas Cantillo y Álvaro Cepeda Samudio. Estos tres conforman el semanario Crónica y más adelante La Cueva, en donde aparecen semanalmente sus crónicas y entrevistas largas que los otros medios no tenían en cuenta.

En 1953, El Espectador abre sus puertas a la crónicas de `Gabo´. Para la época, estaba en el poder Gustavo Rojas Pinilla y aunque en su primer año de gobierno levanta la censura de prensa y parece tener interés en un gobierno democrático, más adelante, después de unas publicaciones que evidenciaban situaciones que ocurrían en su gobierno sus características de dictador salen a relucir. “En agosto de 1955 el gobierno clausura El Tiempo, y en enero de 1956 se cierra El Espectador. Quedan decenas de periodistas sin trabajo”, afirma Samper Pizano en Antología de grandes crónicas colombianas.

En los años cincuentas periodistas como Gloria Pachón, Germán Castro Caycedo, Hernando Salguero, Juan Gossaín, entre otros, dan el paso hacia el llamado periodismo narrativo.

Desde entonces la crónica en Colombia no ha tenido muchas variaciones, libros y revistas han resucitado a este género. Número, Gatopardo, La Hoja, El malpensante, Aguaita y Soho son las que le dan un espacio importante. “Las revistas son el mejor puerto al que un escritor proveniente de la literatura puede emigrar. Permiten trabajar con dos factores escasos en el mundo periodístico: tener tiempo y tener espacio”. Agrega Samper Pizano en la editorial de Crónicas de Soho.

La crónica de hoy

En los quince años del seminario La Palabra, Juan José Hoyos habló sobre la crónica de estos tiempos: “creo que uno de los aspectos importantes a mencionar dentro de este fenómeno de olvido, y que determinó la pérdida de la crónica, es que la realidad en Colombia se volvió tan espeluznante, tan dura, que los periódicos vieron primero que ya no se podía narrar esa realidad tan cruda que se estaba viviendo y empezaron a adquirir compromisos políticos”. La ola de violencia y el narcotráfico acabó con casi todo, logró desplazar de una u otra forma a este género de periodismo reclamado por los periodistas.

Ernesto McCausland es uno de los grandes cronistas de la actualidad y dice que la crónica ha sido desplazada y que es difícil luchar por un espacio, porque “para los editores no es buen negocio tener a un cronista, cuesta mucho dinero, y no genera titulares que es lo que da poder”. A lo anterior Samper Pizano afirma: “es un género de una fuerza, de un vigor, de una personalidad, de una importancia que no es fácil echarla a un lado por mucho tiempo. Las revistas y libros se han encargado de recuperar la crónica y ahora la estamos viendo nuevamente en periódicos que cometieron el error de considerar que había que hacer información capsular de pocas palabras y de pocos párrafos y se dieron cuenta que no”.

La crónica recrea las imágenes, transporta al lector al lugar, lo participa de el y lo reconoce. Halberstam, periodista norteamericano, al hablar del trabajo de Talese (uno de los grandes cronistas de Norteamérica) se refiere a este “como una especie de periodismo verité, profundamente influido por el cinema verité: el reportero como cámara de cine”; claro está, que la función del periodista no es únicamente la de relatar el hecho, esta narración debe ir acompañada de voces, datos y por supuesto una investigación del contexto, el hecho o el personaje.

Una de las piedras que ha entorpecido el camino de la crónica es que suele ser `monotemática´ y como sostiene Guerriero, en el texto “Sobre algunas mentiras del periodismo”, “es probable que tanto a periodistas como a editores nos dé un poco de vergüenza y culpa poner el foco en historias amables, precisamente porque nos sentimos más en deuda con los desnutridos y los marginados”.

Las historias están, de todas las clases y en todos los lugares, lo que realmente vale es saber contarlas. Tener un buen inicio, un desarrollo claro y descriptivo y un final de esos que no se olvidan, de los de las crónicas que antes se publicaban en los diarios particulares.

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